6 de agosto de 2015

¿Por qué me gusta el fútbol?

Por obras de arte como estas...

Hace unos años nos deleitábamos con el Barcelona inigualable de Pep Guardiola y compartíamos este video:

https://educandoconpelotas.blogspot.com.ar/2013/12/un-gol-que-vale-cero.html

Hoy encontramos en la web esta joya, que nos da una respuesta contundente para cualquiera que nos pregunte: ¿Por qué te gusta el fútbol?. Disfruten:


27 de junio de 2015


“Los buenos crecen generalmente con el golpecito en la espalda y diciéndoles que son muy buenos y han hecho buenos goles. Pero unido a esto tiene que haber correcciones, consignas, detalles del día a día. Tiene que haber mucho trabajo coordinado entrenadores/padres, solo así pueden llegar a recogerse los frutos” 
Joan Vilá, formador de Xavi 

1 de mayo de 2015

Que nunca falte el juego


¿Cuántas veces llenamos de actividades la vida de los niños dejando sin lugar al juego? ¿Qué significado tiene el mismo para ellos? El juego es una actividad libre: es un acontecimiento totalmente voluntario en el que nadie está obligado a jugar ni a participar. Es totalmente incierto, una actividad creativa, espontánea, original. Su resultado es indefinido, y seguramente esto es lo que lo vuelve tan atrapante y entretenido.

Durante el juego el niño logra demostrar su esencia, su pequeña personalidad en desarrollo, sus frustraciones, pasiones, su creatividad, ingenio y por sobre todo su libertad de imaginar, hacer y decidir.

Es para el niño, su primer instrumento para aprender y para conocerse, para desafiarse a sí mismo y superar nuevos obstáculos. Es un encuentro íntimo consigo mismo, todo un descubrimiento.

Al jugar, el niño, exterioriza sus alegrías, miedos, angustias, y también encuentra herramientas para elaborar lo que siente, lo que percibe del mundo y lo que vive. Durante el juego, se expone a la experiencia de enfrentarse a solas a la complejidad del mundo: él, con toda su curiosidad, con lo que sabe y desconoce; ante el mundo, con todas sus nuevas propuestas y atracciones.

Ningún adulto podrá medir la cantidad de tiempo que un niño necesita para jugar. Como docentes y profesores debemos luchar por que este espacio permanezca en la vida de los niños, es un espacio íntimo que debemos respetar y promover. Durante el juego el niño crea, siente y por sobre todo crece… 

APLICADO AL ENTRENAMIENTO DEPORTIVO

En cada entrenamiento trato de liberar un espacio del mismo para el juego. Pero no para un juego reglado, sino para el juego libre. Los chicos lo proponen, determinan las reglas y lo único que deben respetar es el espacio de juego (en la medida de lo posible, determinar los límites para que no lo realicen en lugares peligrosos).

Generalmente dedico a este momento el 10% o el 20 % del tiempo de la clase o entrenamiento y coincide con el inicio mientras esperamos que llegue el resto de los chicos.

Es probable que muchos no se animen a participar por timidez y debemos introducirlos preguntando a los chicos: - ¿Dónde juega tal...?; pero que ellos les expliquen las reglas. Los chicos tímidos se acercan al profesor a preguntar: - ¿A qué están jugando? o ¿Cómo se juega?, pregunta que deberán contestar sus compañeros, ya que este su momento de jugar.




9 de febrero de 2015

¡Usted es su padre, no su entrenador!


Excelente artículo nos acercan. Está muy relacionado con el libro MI HIJO EL CAMPEÓN, que ya hemos resumido y compartido con ustedes.

PATRICIA RAMÍREZ para el diario El PAÍS, ESPAÑA, 21 de SEPTIEMBRE de 2014.

Los niños practican deportes por diversión. Olvidar esta máxima y generar presión en los hijos es el mejor camino para conducirles a que lo abandonen.

“Me siento triste cuando mi padre me regaña después del partido. Me dice que no he jugado con intensidad, que así no seré nunca un jugador de Primera División, que fallo en los pases porque me falta concentración. Y mi madre le apoya. Dice que juego como si no me importara ganar. También me echan en cara que se gasten dinero en mí y que me dedican muchas horas llevándome y recogiéndome del fútbol. A mí me gusta jugar al fútbol, me gusta aprender cosas nuevas, dar un pase de gol, estar con amigos, ganar, pero tampoco me importa mucho perder, porque eso es lo que nos dice el míster. Pero últimamente ya no disfruto, vengo a jugar los fines de semana nervioso, pensando que si no le gusto a mi padre, lo oiré gritar desde la banda, me dirá que me mueva, que espabile, y a veces me siento tan nervioso que no sé ni por dónde va el balón. Si vale la pena seguir viniendo cuando ya no disfruto. Pero si decido no jugar más, también les voy a decepcionar”. 

Son muchos los padres y madres que acompañan a sus hijos a los partidos, competiciones y entrenamientos. Se sientan en la grada, observan, les dan directrices y se involucran en el deporte de sus hijos como si ellos fueran los que dirigen. Existen diferentes especímenes de padres y madres.

"Habla cuando estés enfadado y harás el mejor discurso que tengas que lamentar”
Ambrose Bierce

Los que asumen papeles positivos. Son aquellos en los que el interés del padre está en que su hijo disfrute de lo que hace.

El padre taxista. Acompaña a su hijo, le deja en el entrenamiento, le recoge. Suele ser un padre al que los deportes le gustan bastante poco, pero le interesa que su hijo sea feliz.

El padre positivo. Anima, refuerza, se preocupa por cómo han ido los partidos. Le transmite entusiasmo sin presión. Felicita al chaval por el mero hecho de jugar y entrenar.

El padre involucrado. Le gusta participar en las decisiones y propuestas del club. Se interesa por la formación de los chavales o porque el centro obtenga ingresos. Este tipo de padres son activos en la divulgación de valores en el club y participan con cualquier acción que pueda mejorarlo.

Existen otros papeles, los negativos. Son aquellos en los que el comportamiento del padre influye negativamente en su hijo, generándole presión, exigiendo resultados y poniendo unas expectativas por encima de lo que el entrenador o el club esperan del niño.

El padre pesado. Se pasa todo el día hablando de lo bien que juega, nada o corre su hijo y de que apunta maneras. No presiona directamente al niño, pero sin querer le traslada que su valor como chaval está en el juego.

El padre entrenador. Grita directrices desde la banda, corrige a su hijo cuando se monta en el coche, incluso contradiciendo las indicaciones del entrenador. Genera confusión en el niño, que por un lado tiene una idea de juego que el profesional trata de inculcarle, y por otro, la versión de su padre o madre. En deportes como la natación, este padre está en la grada paseando de punta a punta de la piscina, cronómetro en mano, midiendo tiempos y apuntando en una libreta. No es de recibo crear presión en el niño con distintos mensajes. ¿A quién cree que debería obedecer su hijo?

El padre que se cree Cholo Simeone. Trata de motivar, transmitir garra, le pide al hijo que se entregue, que se esfuerce, que se deje la piel en la cancha, que trabaje, que compita como si se le fuera la vida en ello. Pero olvida algo muy importante: ni su hijo es un jugador de Primera División que tenga que ganarse la vida jugando ni él es el entrenador del Atlético de Madrid. Solo consigue que su hijo pierda de vista los valores que le transmite el club, donde normalmente prevalece la generosidad por encima de la individualidad, disfrutar y aprender por encima de los resultados, y el juego limpio por encima de competir a cualquier precio.

El padre que resta en todos los sentidos. Da gritos desde la grada, desacredita al míster, le dice a su hijo que no entiende por qué él no juega cuando sus compañeros son peores que él, se comporta de forma grosera con el rival, insulta al árbitro y otras impertinencias más. Es el padre del que cualquier hijo se sentiría avergonzado.

Los motivos por los que los padres pierden los papeles son diversos. Muchos esperan que sus hijos les saquen de pobres convirtiéndose en Nadales o Cristianos. Otros desean que su hijo gane todo porque sus victorias son sus propios éxitos, es la manera de sentirse orgullosos del chaval y presumir de él delante de sus amigos y en el trabajo. Otros proyectan la vida que ellos no pudieron tener. Otros no tienen ningún autocontrol. No lo tienen en el partido de sus hijos, ni cuando conducen, ni cuando se dirigen a las personas. Y por últimos están los que cruzan los límites sencillamente porque no tiene consecuencias. Saben que está mal, pero su mala educación o ausencia de valores les hace comportarse como personas poco cívicas y desconsideradas.

El valor está en hacer deporte, porque es una conducta saludable, pero sobre todo en ser capaces de divertirse y relacionarse con los amigos. Lo demás no importa. Si no le presiona para que se supere con la consola de videojuegos, ¿por qué lo hace cuando va a los partidos? En el momento en el que la palabra jugar pierde valor –“jugar al baloncesto”, “jugar al fútbol”, “jugar al tenis”–, su hijo dejará de disfrutar y no querrá seguir yendo.

Si es padre o madre, recuerde, por favor, que es un modelo de conducta para su hijo y para sus compañeros de equipo. A los hijos les gusta sentirse orgullosos de sus padres y, en cambio, lo pasan terriblemente mal cuando se les avergüenza. Ser modelo de conducta conlleva mucha responsabilidad, porque sus hijos copian lo que ven en usted. Y su forma de comportarse debe ser la ejemplar para que facilite el aprendizaje de una serie de valores que acompañan al deporte.

Disfruta del viaje, y deja de preocuparte por la victoria y la derrota”
Marr Biondi



Si como padre o madre desea sumar, tenga en cuenta el siguiente decálogo:

1. Recuerde el motivo por el que su hijo hace deporte. El principal es porque le gusta. Existen otros, como practicar una conducta sana, estar con amigos o socializarse. El objetivo no es ganar.

2. Comparta los mismos valores que el club. Busque un centro deportivo afín a su filosofía de vida.

3. No dé órdenes. Solo apóyele, gane o pierda, juegue bien o cometa errores.

4. No le obligue a entrenar más, ni a hacer ejercicios al margen de sus entrenamientos. Su hijo no es una estrella, es un niño. Aunque tenga talento, puede que no quiera elegir el deporte como profesión y solo lo practique por diversión.

5. No presione, ni dé directrices, ni grite, ni increpe, ni maldiga; no haga gestos que demuestren a su hijo que se siente decepcionado por su juego.

6. Respete a todas las figuras que participan en la comunidad deportiva: entrenador, árbitros, otros técnicos, jardineros…

7. Controle sus emociones. No se puede verbalizar todo lo que pasa por la mente. Las personas educadas no muestran incontinencia verbal.

8. Nunca hable mal de sus compañeros. Los otros niños forman parte del equipo. El objetivo grupal siempre está por encima del individual. Y hablar mal de sus colegas es hablar mal de la gente con la que comparte valores, emociones y un proyecto común.

9. Modifique su manera de animar. No se trata de corregir al niño, sino de reforzarlo.

10. No inculque expectativas falsas a su chaval, como decirle que es un campeón, que es el mejor y que si se esfuerza podrá llegar donde quiera.

La felicidad de los niños está por encima de todo. Siéntase siempre satisfecho con lo que haga, gane, pierda o cometa errores. Felicítele por participar más que por competir. Y recuerde que su hijo hace deporte para divertirse él, no para que lo haga usted.


19 de enero de 2015

Libros

- RESUMIDOS

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- EN BORRADOR



                                           






    7 de diciembre de 2014

    Mejor Director Técnico Zona Norte - Futsal Promocionales 2014


    Mi agradecimiento a la Comisión Futsal Promocional Infantil  por el reconocimiento al mejor Director Técnico de Zona Norte del año 2014.





    5 de noviembre de 2014

    Campeones de la responsabilidad



    Cuando los padres creen y apoyan a sus hijos dentro de un proceso deportivo y por consiguiente al formador o formadores a cargo; les enseñan a ser parte; a ser responsables; a ser correctos; a ir a entrenar siempre que un cumpleaños o una actividad diferente y necesaria a esta edad no se presente; a ser su sostén dentro del camino a transitar deportivamente hablando y no una traba o una exigencia constante y sin sentido... Se logran cosas hermosas como esta. 

    Gracias  a los padres de la categoría 2004 de Hebraica Futsal por dejarme disfrutar, junto a ustedes, lo mágico de enseñar a través del deporte.

    Cuenten conmigo siempre!


    7 de agosto de 2014

    Conexión Fútbol 2014


    El punto de encuentro de la comunidad del Fútbol en Latinoamérica es sin dudas CONEXIÓN FÚTBOL.



    Este año prepara su segunda edición el 14 de agosto en la Universidad Católica Argentina.

    Un día, un lugar. Toda la información e innovación del fútbol internacional relatada por quienes marcan tendencia y son los principales referentes del tema en la actualidad.

    Si querés ser parte de esta importante instancia de capacitación inscribite en: #ConexiónFútbol2014


    Reviví algo de lo que dejó la primera edición en: #ConexiónFútbol2013



    4 de julio de 2014

    “Querido estúpido”, un texto de Eduardo Sacheri

    El genial escritor con otro de sus aportes exclusivos para El Gráfico. 

    AL QUE LE QUEPA EL SAYO QUE SE LO PONGA.




    No olvides que comienzo esta carta llamándote “querido”. Es importante. Es muy importante que tengas en cuenta esa primera palabra del encabezado para que, si de lo que voy a decir a continuación, algún concepto te resulta incómodo, molesto, hasta agraviante, tengas en cuenta que lo primero que hice, al iniciar esta conversación con vos, fue decirte que te quiero, con ese “querido” que inaugura estas líneas.
    Es verdad que “sin solución de continuidad”, como decían algunos conductores televisivos de los años setenta, es decir, inmediatamente, a continuación, al toque, te digo “estúpido”. Claro, es cierto que suena contradictorio. Primero te digo que te quiero, y de inmediato te trato poco menos que de imbécil. Pero las relaciones humanas son un poco así, querido estúpido. Uy, se me escapó de vuelta. Qué pena.

    Igual me estoy gastando en partidas, como diría el gaucho, porque dediqué dos párrafos al encabezado de esta carta y todavía no entro en materia de lo que quiero decirte. Lo que quiero pedirte, en realidad. Porque el motivo de esta carta, querido estúpido, es formularte un pedido. Me temo que en una de esas esto de tratarte de estúpido genere cierto fastidio, cierta animosidad, de tu parte. Pero… no encuentro otra palabra para calificarte, querido estúpido. Mejor dicho, sí encuentro otras palabras. Varias palabras, más contundentes y, si me apurás, más ajustadas a tu esencia y tu conducta. Pero acá en El Gráfico me parece mejor no escribirlas. Es una revista prestigiosa donde trabajó gente importante de verba incisiva y elegante. Y si yo me pongo, acá, a insultarte con palabras subidas de tono, temo faltar a la digna historia de este medio.

    Voy a proceder como cuando era chico y mis papás me tenían prohibidas las malas palabras. Yo las conocía, por supuesto. Y me venían a la mente, y se me asomaban a los labios en esas ocasiones urgentes en que parecía necesitarlas. Pero yo sabía, por experiencia, que era mejor cambiarlas a tiempo, convertirlas en palabras menos malas al momento de decirlas. “Tonto”, “tarado”, “estúpido”, en lugar de esos otros insultos vinculados con formas esféricas o con las actividades profesionales de las madres.
    Por eso, querido estúpido, quedemos en eso: en estúpido. Y vayamos al grano.

    Primero necesito que te ubiques en el centro de mi filípica. Quiero decir: que te sientas aludido. Que si quiere la buena fortuna que te topes con esta columna, digas, o pienses (porque me alcanza con que lo pienses), “esta columna está escrita pensando en mí”. Eso, necesito. Con eso me alcanza.

    También podría decir “querida estúpida” porque es verdad que hay mujeres a las que les cabe el sayo que estoy intentando tejer. Pero mi experiencia me dice que, en la materia en la que me propongo introducirme, son mucho más abundantes los estúpidos que las estúpidas. No me atrevo a especular con porcentajes, porque lo mío no es un estudio científico, sino un hartazgo empírico. Pero, a ojo de buen cubero, me animo a decir que, en el ámbito sobre el que me propongo perorar, debe haber diez o quince estúpidos por cada estúpida. Y por lo tanto, este es un rubro de estúpidos. Así, en masculino. Hay estúpidas, pero en los márgenes numéricos del asunto.

    Es a vos, entonces, querido estúpido, a quien pretendo dirigirme. Y para seguir definiendo los alcances del universo de estúpidos, agrego “estúpidos preferentemente padres”. Porque ser progenitor, en este caso de estupidez, es importante, frecuente, abundante. También pueden ser tíos, padrinos, abuelos, hermanos mayores, simples allegados. Pero, en general, son padres.

    Padres que concurren a “acompañar” (por ahora quedémonos con ese verbo mentiroso) a sus hijos cuando les toca practicar algún deporte. ¿Estamos más o menos definiendo el campo de incumbencia de mi discurso? Creo que sí. Niños o niñas que son acompañados por un adulto (casi siempre padre, aunque no siempre) a competir en algún deporte.

    El deporte puede ser cualquiera. Fútbol, básquet, tenis, hockey, rugby, atletismo, vóley, etc. Y los protagonistas son chicos y chicas. Acá sí, del lado de las víctimas, podemos hablar tanto de género masculino como femenino.

    El estúpido (casi siempre padre) acompaña al chico a jugar al fútbol, o a la chica a jugar al hockey, o al chico a jugar al básquet, o a la chica a jugar al vóley… No hablo de un entrenamiento, sino de un partido. Seguro que hay estúpidos que también se comportan como tales en los entrenamientos. Pero esos son estúpidos “Premium”, y yo prefiero quedarme con el estúpido “Básico”. Ese, el básico, se activa los fines de semana, cuando a los chicos y chicas les toca “competir” contra otros clubes, escuelas, barrios, sociedades de fomento o lo que sea.

    El estúpido se ubica cerca, bien cerca, demasiado cerca, del límite del campo de juego, y empieza a actuar. La actuación del estúpido consiste, en principio, en un aliento exagerado. No hablamos de un aplauso gentil. No. Hablamos de gritos destemplados, coléricos, extemporáneos. En la paz de la mañana de sábado, en la quietud de la tarde de domingo, el estúpido grita y festeja como si el match al que asiste fuera la final del mundo del deporte que sea. Hablando en términos científicos, se pasa de rosca. Arranca, entonces, en una primera fase, pasado de rosca.

    Pero es habitual que el estúpido, más temprano que tarde, pase a la fase dos de su actuación: las indicaciones táctico-estratégicas. “Ponete acá, andá para allá, pegale así, correte para el otro lado”. No importa (porque en el fondo, al estúpido no le importa nada de nada), que su hijo/hija/sobrino/sobrina/nieto/nieta/ahijado/ahijada/etcétera ya tenga un entrenador o entrenadora que todas las semanas comparte tiempo, charlas, explicaciones, sugerencias. Y que dicho entrenador o entrenadora esté también ahí, a un lado de la cancha, intentando no quedar ensordecido por el estúpido. Para peor, a veces esos entrenadores son gente joven a la que le cuesta lidiar con los estúpidos advenedizos. Les cuesta, calculo, porque los puede el asombro. Todavía no han conocido el suficiente mundo como para concluir que sí, que aunque no lo puedan creer, ese que vocifera al costado, atrás, adelante, hasta a horcajadas de ellos, es, nomás, un estúpido de marca mayor.

    Alrededor del estúpido crece la incomodidad. Porque claro, hay otros testigos del partido (otros padres, chicos y chicas que están para jugar antes o después, planilleros, curiosos) que advierten que el estúpido está empezando a desbordarse. Peor aún: los chicos y chicas que están jugando no pueden evitar oírlo. Lo más normal, lo esperable, es que se tensen, se distraigan, o se les atraviese la rabia. Pero claro, el estúpido no está ahí para pensar en las consecuencias de su estupidez. Si lo hiciera, no sería tan, tan, pero tan estúpido.

    En la tercera fase el estúpido vuelca su frustración hacia los árbitros o los rivales. Por supuesto, hay deportes que se prestan más que otros a esta fase de salvajismo tribunero. En los deportes que insisten en conservar mínimas elegancias es más difícil que el estúpido se atreva a incursionar en esta fase. En el tenis, por ejemplo, que un tipo con el rostro enrojecido se plante delante de un umpire al grito de “Qué cobrás” suena demasiado exagerado. Hasta para el estúpido de marras. Otros deportes, como el básquet o el fútbol, en cambio, son territorio frecuente para el despliegue de esta fase.

    La cuarta fase, que es una derivación frecuente de la tercera, incluye el paso del estúpido a la acción directa: intercambio de golpes de puño, patadas y empujones contra terceros. ¿Quién es ese tercero? Muchas veces los destinatarios de su violencia física son otros estúpidos como él. Una solución para el problema de los estúpidos sería que se agredieran entre ellos hasta su extinción como subespecie. Pero eso no sucede. Primero, porque la naturaleza es sabia, pero no tanto. Y segundo, porque muchas veces los estúpidos no pelean entre sí, sino contra otros: árbitros, entrenadores o simples espectadores, quienes han venido al mundo con una dosis tal vez alta, pero no infinita, de paciencia. Y por lo tanto, en el cerebro de cualquier tipo normal y bien nacido llega un punto de no retorno, en el que desaparece la paciencia y se instala, en el cerebro, una idea muy simple: callar al estúpido. Y como no se puede callarlo a base de razonamientos (el estúpido, por definición, no razona), puede ser que la otra persona intente callarlo mediante la acción directa. No sirve, porque el estúpido se siente legitimado en su desborde, porque en el fondo su estupidez se siente más cómoda en el intercambio de bollos que de conceptos, y porque aunque le llenen la cara de dedos seguirá siendo estúpido. Así de simple.

    Espero haber sido claro con la descripción del caso. Y por lo tanto es el momento, en esta columna, de volver a dirigirme al estúpido.

    Querido estúpido: ¿Te hacés la idea de a qué me refiero? ¿He sido suficientemente claro en el diseño de tu teatro de operaciones? ¿Has sido capaz de identificar el escenario y, sobre todo, a vos mismo como el autor de estos desatinos?

    Buenísimo. Gracias por hacerlo. Porque entonces, ahora sí, puedo ir a las preguntas que quería formularte en esta carta. Son varios interrogantes, de modo que te pido paciencia:

    ¿Qué es, querido estúpido, lo que te lleva a ser así de estúpido? ¿De dónde nace tu necesidad de apropiarte de un partido que no es tuyo para llenarlo con tus propias frustraciones, necedades y bajezas? ¿Qué te impide disfrutar con el juego de tu hijo, tu sobrina, tu nieto, tu ahijada? ¿Qué extraña tara te conduce a importunar así a un montón de personas, muchas de las cuales ni siquiera son adultos, es decir, ni siquiera tienen tu tamaño como para oponerse a tu imbecilidad? La niñez y la adolescencia son etapas breves en la vida, querido estúpido: ¿Qué necesidad tenés de arruinarlas de esa manera?
    ¿Te frustraron mucho cuando eras pibe? ¿Pensás que si le rompés la paciencia en grado suficiente, a tu hijo/a, se convertirá en un deportista profesional que te llenará de dinero? ¿Estás tan disconforme con lo que sos y lo que hacés que necesitás sacar esa rabia hacia algún lado, y sos tan pusilánime que el único lugar en el que te animás a hacerlo es en este partidito de hockey entre nenas de once años, en esta liga de fútbol infantil, en este torneo interclubes de cadetes de tenis?

    Son preguntas para las que no tengo respuesta, querido estúpido. Por eso me tomo la libertad de formulártelas. Porque de hecho sos vos el único que tiene la respuesta. Claro que si te hicieses estas preguntas estarías empezando a dejar de ser estúpido, y no creo que en tu cabecita haya sitio para las dudas. No. Nada de eso. Porque si hay algo que te vuelve estúpido, querido estúpido, es que lo tuyo no son las preguntas, sino las respuestas. Porque uno es estúpido a fuerza de eso. De vivir lleno, plagado, seguro, empachado de respuestas. De respuestas y de gritos inútiles, querido estúpido, dirigidos a chicos que lo único que quieren es jugar, querido estúpido. Jugar sin que vos los interrumpas.


    Nota publicada en la edición de Marzo de 2014 de El Gráfico por @eduardosacheri

    http://www.elgrafico.com.ar/2014/03/30/C-5102-querido-estupido-un-texto-de-eduardo-sacheri.php?volver=1


    2 de julio de 2014

    Agradecimiento a TODO GUARDIOLA


    Agradecemos la deferencia de la cuenta de Twitter @TodoGuardiola por compartir con sus seguidores el resumen del libro Liderazgo Guardiola.


    2 de junio de 2014

    Juego en equipo vs. Juego individual


    En los deportes de conjunto alcanzar un rendimiento colectivo como el  que desarrolló el Barcelona de España en los últimos años, debería ser el norte de todo entrenador de fútbol. 


    Año a año vemos como equipos mezquinos, liderados por entrenadores que poco entienden de trabajo en conjunto, intentan destruir mas que proponer, porque siempre es más sencillo.


    Se pone en el pedestal de los intocables a aquellos que priorizan su imagen o su ego más allá de su rendimiento deportivo, y se critica hasta el hartazgo a quienes ubican por sobre su trascendencia una idea de juego, un fin común: el conjunto.

    Pero esta premisa no solo es propia del fútbol. En la elite del Basquet mundial nos encontramos frente a una final donde se oponen el juego individual y la extravagancia frente al juego de conjunto en su estado más puro.

    El siguiente video es un tributo al San Antonio Spurs de Gregg Popovich, emocionante, para quien valore y priorice el juego en equipo.





    26 de febrero de 2014

    Resumen: LO SUFICIENTEMENTE LOCO - Ariel Senosiain


    A continuación un resumen del libro Lo suficientemente loco una biografía de Marcelo Bielsa, de Ariel Senosiain.
    En el mismo podemos encontrar extractos de lo que, a mi criterio, podemos aplicar al campo de la educación física y la iniciación deportiva.
    Seguramente ustedes al leerlo (lo cual recomiendo enfáticamente) encuentren otras formas de aplicarlo y relacionarlo con su campo de acción.


    Ariel Senosiain
    @arielsenosiain



    Marcelo Bielsa se opone a casi todos sus contemporáneos directores técnicos, quienes son ante todo experiencia más un mínimo de teoría. Mientras los demás jugaban al fútbol, él lo estudiaba. Armó sus ideas de fútbol a través de años, mientras lo sentía como hincha, espectador imparcial, profesor de educación física y estudiante para técnico. Hoy está tan seguro de su catálogo que pide otras opiniones, pero no para cambiar.

    ESTILO DE JUEGO

    No le interesa como venía jugando el equipo en el que asume, siempre quiere imponer lo suyo. No se adapta a lo que tiene; adapta lo que tiene a sus ideas.
    Es un obsesivo del ataque, de la presión constante y de inventar opciones para desarrollar un partido. Desde un par de resultados negativos en Newell´s, sus equipos se movieron siempre 3-3-1-3. Aunque su definición es más clara: “El esquema que yo armo es con un par de wines bien abiertos, un centrodelantero, un volante de creación, un “5” tradicional y una defensa con un solo jugador más que la delantera rival”.
    Si son tres los atacantes adversarios, serán cuatro los defensores propios. En ese caso Bielsa restará un mediocampista externo, un puesto que igualmente prefiere ocupar, porque cree que en la puntas se decide el juego. El volante central suele tener mucho espacio a sus costados para cubrir, un riesgo que Bielsa acepta en su idea de fútbol ofensivo. Lucha por un equipo compensado, pero pretende que su equipo ataque con por lo menos seis hombres.

    “El fútbol descansa sobre 4 premisas fundamentales: defensa, ataque, cómo pasar de defensa a ataque y cómo pasar de ataque a defensa”.


    DEFENSA Y ATAQUE

    “No veo como una contradicción tener algunos aspectos de Bilardo y de Menotti. Lo que pasa es que en Argentina, jamás los técnicos obsesivos se preocuparon por jugar ofensivamente. Y yo soy un obsesivo del ataque. Yo miro videos para atacar, no para defender. ¿Saben cuál es mi trabajo defensivo? “Corremos todos”. El trabajo de recuperación tiene 5 o 6 pautas y chau, se llega al límite. El fútbol ofensivo es infinito, interminable. Por eso es más fácil defender que crear. Correr es una decisión de la voluntad, crear necesita del indispensable requisito del talento”.

    ENTRENAR

    “Entrenar es lograr que cada persona sea capaz de poner en el juego todas las facultades a las que fue habilitado por la naturaleza. Si la potencialidad de un jugador es 10 y le brinda al esfuerzo conjunto 7, estoy fracasando yo, porque no obtengo lo máximo de él en mi función de entrenador”.


    DIFERENCIA ENTRE CREAR Y CORRER

    “Soy un enamorado de la creación, pero nunca ignoraría los aspectos del fútbol que tienen que ver con la voluntad. Correr es un acto voluntario, no de inspiración. La diferencia es que correr pueden hacerlo todos y crear, unos pocos. A mis jugadores les digo que jamás podría reprocharles la falta de talento. En lo que sí soy inflexible es en la entrega, porque depende sólo de ellos, de que ellos lo quieran, no de que Dios los ilumine”.

    JUEGO POR LAS BANDAS

    “Elijo ocupar los costados porque allí surgen la mayor cantidad de situaciones de peligro. Lo contrario significa centralizar el juego. Cualquier estudio que se realice sobre cómo se convierten los goles en cualquier torneo, revela que el 50% tiene su origen en el juego por los costados. Si uno quiere un equipo protagonista, deber poner mínimamente dos jugadores por cada sector”.

    SER DT DE SELECCIÓN

    “Como producto de mi formación, siempre tuve que evaluar si a los jugadores hay que modificarles alguna particularidad, para que se adapten a lo que necesita el conjunto. Ser técnico de la Selección es otra cosa: hay que elegir reconociéndoles la virtud que va a servir para resolver las necesidades del equipo, no pensando en lo que hay que cambiarles”.

    TÉCNICA VS TALENTO

    “Una cosa es la técnica y otra el talento. Meter una pelota al claro, requiere sólo de técnica, es algo que está al alcance de cualquiera. Tener la visión para hacerlo en el momento justo, con la velocidad y el efecto necesarios, precisa de la llama del talento. Yo mismo soy capaz de hacer un buen pase. Pero realizarlo en un partido intenso, con la marca encima y nada de tiempo para cerebrar, es cuestión de elegidos. Por eso yo me llamo Bielsa y Bochini, Bochini”

    “Los entrenadores podemos cometer dos pecados: hacer caminar a jugadores que vuelan o pretender que vuelen los que sólo pueden caminar”.

    “Saber de fútbol, desde mi punto de vista, es interpretar lo que sucede en el juego. Es mentira que es muy simple y que lo entiende cualquiera”.

    “Se puede ganar con un estilo y con el antagónico, pero no con aquel en el que uno no cree”.

    “Los mejores no merecen privilegios, a ellos hay que exigirles proporcionalmente a sus cualidades”

    “Uno debe querer a quien conduce. Por eso hay que incluir al que no protagoniza y entender que los rebeldes no nos desafían, sino que simplemente están informándonos. El desborde y el desorden están admitidos. Lo que no está permitido es que dejen de luchar”.

    “Pretendo que los jugadores se argentinicen para gambetear y se europeícen para desmarcarse”.
    “Sufro mucho la injusticia del trato, no logré nunca dominar eso. Siempre sufro mucho cuando perdemos y cuando soy maltratado, pero sí logré no creerme la duración del éxito. Como no se revisa por qué ganaste, como te adulan por haber ganado, no porque mereciste ganar o por el recurso por el que ganaste, entonces tuve claro siempre que esa franela, ése es el término, es impostora”.

    Cuando dirigió al equipo argentino en los Juegos Olímpicos de Atenas, se hizo amigo de Sergio Vigil, entrenador del conjunto de hockey femenino sobre césped. Vigil recuerda la fascinación de Bielsa por el ambiente de la Villa Olímpica: “Un día, charlando en el comedor, se detuvo para decirme: - ¿Vio a la gente que nos rodea? ¿Los miró bien? ¿Se dio cuenta de algo notable? No hay ninguno con cara de hijo de puta…”

    “Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito deforma, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos. El fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes. Si bien competimos para ganar, y trabajo de lo que trabajo porque quiero ganar en cuanto compito, si no distinguiera qué es lo realmente formativo y qué es secundario, me estaría equivocando”.

    “Sin excelencia en la carrera, no hay punto de llegada para festejar”.

    LA RESPUESTA DE UN SABIO


    Dos niños patinaban en un lago congelado.
     Era una tarde nublada y fría. Los niños jugaban despreocupados.


    De repente, el hielo se quebró y uno de los niños se cayó, quedando preso en la grieta del hielo.
    El otro, viendo su amigo preso y congelándose, tiró un patín y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas hasta, por fin, conseguir quebrarlo y liberar al amigo.

    Cuando los bomberos llegaron y vieron lo que había pasado, preguntaron al niño:

    -"¿Cómo conseguiste hacer eso? ¡Es imposible que consiguieras partir el hielo, siendo tan pequeño y con tan pocas fuerzas!


    En ese momento, el sabio que pasaba por allí, comentó:

    - Yo sé cómo lo hizo.

    - ¿Cómo?, le preguntaron.

    "Es sencillo, no había nadie para decirle que no era capaz".


    13 de febrero de 2014

    Agdradecimiento a BUSCADEPORTE

    Agradecemos a Buscadeporte por incorporarnos a la sección de entrenamiento y formación de su excelente página web.



    Agradecimiento a FÚTBOL EN POSITIVO

    Agradecemos a Fútbol en Positivo por la oportunidad de crecer junto a ellos.
    Por un fútbol positivo... siempre!

    26 de enero de 2014

    CONCENTRACIÓN PARA JUGAR


    La concentración es la habilidad para dirigir y mantener la atención hacia el aspecto requerido de la tarea que se está realizando. Es estar totalmente metido en lo que estás haciendo sin permitir que otras ideas o cosas que sucedan te distraigan. El secreto de la concentración radica en tener el foco de la atención en el lugar apropiado, en el momento correcto, durante el tiempo necesario. Estar concentrado es uno de los desafíos mentales que el fútbol propone. Se puede trabajar y entrenar para mejorarla.

    Ideas para mejorar la concentración:
    • Tené en claro tu función en la cancha y comprometete con esa tarea. Entrá en la cancha con una idea clara de lo que vas a hacer, de qué requiere cada momento del juego y a qué le tenés que prestar atención en esos momentos. Muchos de los errores por desconcentración se producen cuando los jugadores no tienen la pelota.
    • Mantenete en el aquí y ahora. La mente a veces se queda enganchada con cosas del pasado (como los errores) o se va al futuro (pensando en lo que pasará si ganamos o perdemos). Tomá una jugada a la vez, siempre volviendo al momento presente.
    • Poné el foco de la atención en las cosas que podés controlar y que dependen de vos. Solo podés controlar lo que vos pensás, sentís y hacés. Hay un montón de distractores listos para captar tu atención (por ejemplo, errores –propios y de los demás- o provocaciones de rivales). De vos depende engancharte con estos distractores o seguir metido en el partido.
    • Focalizá en los aspectos positivos. Siempre pensá en lo que querés lograr (y no en lo que querés evitar). Mantené un autodiálogo positivo y recordá tus fortalezas como jugador, tu buena preparación, tus logros anteriores y tu plan de juego. Pensar en posibles errores aumenta las dudas y preocupaciones.
    • Controlá los nervios. La ansiedad, la tensión o los nervios muchas veces hacen que la cabeza se dispare para cualquier lado. Controlando tus pensamientos y usando correctamente la respiración podrás mantenerte tranquilo y  totalmente concentrado en lo que estás haciendo.


    Es bueno utilizar palabras “gatillo”. Las palabras "gatillo" son aquellas que, al pronunciarlas, nos devuelvan el foco y logren que volvamos a concentrarnos.

    ¿Dónde está tu cabeza a la hora de jugar?


    9 de diciembre de 2013

    Resumen: CÓDIGO MOURINHO - Cubeiro / Gallardo



    Puntos a destacar en Mourinho:

    • Primero, la legitimidad que le otorgan sus resultados. Haberlos conseguido en diferentes entornos, países y clubes demuestra que no es fruto de la casualidad, algo a lo que sabe agarrarse cuando conviene, pues si no fuese por los títulos, sus numerosos enemigos ya se habrían encargado de él.
    • En segundo lugar, haberlos conseguido sin vestir ni un solo día de corto, demostrando una vez más que para ser un buen fraile no es necesario haber sido monaguillo.
    • Tercero, su obsesión por mantener vivos a sus enemigos. Porque no abre la boca sin saber contra qué o quién cargará. Y en una sociedad buenista y con una doble moral manifiestamente escandalizable, ésa es la base para empezar a decir algo de interés. Como alguien escribió una vez, “si cuando hablas nadie se molesta, es que no has dicho absolutamente nada”.
    • Cuarto, por su honestidad brutal. Decir las cosas que todo el mundo piensa y nadie se atreve a decir. Algunos lo llaman transparencia. Otros, mala educación. La mejor manera de sembrar enemistades por la vía rápida.
    • En quinto lugar, su soberbia y su aversión a la falsa modestia. Esa cruzada interior por mantener un sano desequilibrio entre seguridad en uno mismo y prepotencia, farol típico de los que, además de tímidos, son inseguros.
    • Sexto, su búsqueda incesante de expresarse a través de titulares cortos, memorables y contundentes que provoquen de todo menos indiferencia. Una acusación que a menudo eclipsa el contenido de lo que se dice, y que suele manifestarse en otra gran frase: “las formas le pierden”.
    • Séptimo, el uso y abuso de la ironía. La única vacuna conocida contra la estupidez y el aburrimiento. El día que falte, muchos la echaremos de menos. 
    • Octavo, la necesaria distancia entre el personaje en público y la persona en el ámbito privado. Imagino que los que conozcan a Mou también estarán hartos de la eterna pregunta “pero realmente, ¿él es así?”. Me temo que la respuesta es siempre decepcionante.
    • Noveno, su imprevisibilidad. Nadie es capaz de acertar por dónde saldrá esta vez.


    Personas con mentalidad fija o mentalidad de crecimiento


    Las personas con mentalidad fija creen que sus cualidad básicas, como la inteligencia o el talento, son rasgos fijos. Se esfuerzan todo el tiempo en demostrar que son inteligentes o talentosas, que son ganadoras y no perdedoras. Tratan de que nadie advierta sus deficiencias, y se amargan si sus aptitudes no son reconocidas de la manera en que ellas piensan que merecerían. 
    Por el contrario, las personas con mentalidad de crecimiento, son las que creen que sus cualidades básicas pueden cultivarse mediante el esfuerzo y el aprendizaje. Buscan experiencias que impliquen desafíos, con el objeto de que sus aptitudes evolucionen a un nivel superior. La clave es considerar el talento desde una mentalidad de superación, de mejora, de desarrollo, de aprendizaje.
    “Las personas con una mentalidad de crecimiento son mejores padres, profesores, jefes, compañeros y amigos.  Creen que las personas pueden crecer y, por lo tanto, son mejores para estimular el crecimiento y el aprendizaje en los otros”

    “Actúa como un hombre de pensamiento.  Piensa como un hombre de acción”
    Thomas Mann (1875-1955), escritor alemán

    “El éxito significa tener la valentía, la determinación y la voluntad para convertirte en la persona que crees que puedes llegar a ser”
    George Sheehan (1918-1993), médico estadounidense

    ¿Qué es un líder? Una persona que guía o conduce. El término procede de aquel que abría un camino en el bosque. Y por tanto, incluye tres conceptos poderosos: la estrategia (saber hacia dónde se va, hacia dónde se dirige uno), el equipo (“No hay equipo sin líder ni líder sin equipo”) y la energía (infundir energía, motivar, ilusionar, hacer crecer). Mourinho destaca en estos tres ámbitos.

    “El liderazgo es algo que se tiene que ejercer todos los días”
    José Mourinho

    En la educación hay numerosos ejemplos de “profecías que se autocumplen”, como el “efecto Pigmalión”: las expectativas que tiene un profesor sobre sus alumnos suelen cumplirse, porque su actitud influye decisivamente sobre el comportamiento de éstos.
    Los que realmente controlan la materia; personas que trabajan al máximo, desde la absoluta convicción y en la buena dirección. Es la combinación de muchas horas de trabajo, buenas ideas y excelentes soluciones para, al final, adelantarse quince minutos al resto de los mortales.

    “Las grandes ideas están quince minutos adelantadas a su tiempo y no a años luz”
    Woody Allen, cineasta estadounidense.

    “La historia me tratará bien, porque la pienso escribir yo”
    Winston Churchill, nobel de literatura.

    Un equipo es algo distinto a una suma de individuos


    “Yo no quiero relaciones especiales con ninguno de los jugadores. Odio hablar de individuos. Los jugadores no ganan trofeos. Los equipos ganan trofeos, las escuadras ganan trofeos”

    José Mourinho, junio de 2004.

    “Lo que hace más fuerte a un equipo es poder jugar como un equipo. Más importante que tener un gran jugador o dos grandes jugadores es jugar como un equipo. Para mí, eso está muy claro: el mejor equipo no es el que tiene los mejores jugadores, sino aquel que juega como un equipo”
    José Mourinho, 2006.

    Cuando Mourinho ingresó en el ISEF (Instituto Superior de Educación Física) de Lisboa, le marcó muy negativamente el libro Teoría general del entrenamiento deportivo, de Lev Pavlovich Matvéev. Era considerado “lo máximo”, la “biblia” en todo lo relativo a la actividad física y el deporte. Y sin embargo, al joven Mourinho no le convenció en absoluto: “Las cualidades que se pueden trabajar en un deporte individual nada tienen que ver con las cualidades que funcionan en un deporte colectivo, como el fútbol”.

    Efectivamente, cuando dos personas se juntan generan sinergias (resultados mejores de los que se obtienen por separado, es decir lo deseable) o antisinergias (desgraciadamente, lo más frecuente). Una relación es neutral en términos de rendimiento. Un equipo no se improvisa y Mourinho lo sabe muy bien.

    Carta a los jugadores


    Cada inicio de temporada Mourinho le escribe una carta a sus jugadores. En el verano de 2004 les entregó a los jugadores del Chelsea una carta que contenía expresiones como ésta:
    “Ser campeones tiene que ser siempre nuestro objetivo. Un objetivo diario, una motivación consistente y permanente, una luz que tiene que guiar nuestro trayecto a partir de ahora. Cada entrenamiento, cada partido, cada minuto de nuestra vida profesional y social tiene que centrarse en este objetivo que, repito, es NUESTRO”

    Se juega como se entrena


    “Trabajo con los jugadores a diario y sé que los que trabajan a tope están en condiciones de hacerlo bien y los que no trabajan bien no están en condiciones de jugar bien. Se juega como se trabaja, y puedo decírselo a la cara a cada jugador.”
    José Mourinho

    “Es el hombre que somos lo que triunfa en el entrenador que queremos ser”
    Manuel Sérgio, maestro de José Mourinho.

    “La magia no proviene de la mente del directo, sino de los corazones de los actores”
    James Cameron, director de cine.

    José Mourinho es un mago en gestionar el talento de sus jugadores para conseguir la victoria. Ello es así porque sabe que el talento es tanto capacidad (un elemento estable) como compromiso (un elemento dinámico), y porque pone en práctica esta idea. El compromiso tiene que ver con la energía que las personas ponen en lo que hacen, y es la consecuencia de su grado de motivación.
    Motivación es el término con el que designamos la energía que nos mueve. La motivación se compone de tres elementos: el deseo, el objetivo (el futuro que queremos lograr) y los facilitadores de la tarea que nos permiten alcanzar nuestras metas. 

    “Apelar a la motivación es apelar a lo más profundamente humano, a nuestra capacidad de elegir, a nuestra libertad”
    José Antonio Marina, Los secretos de la motivación

    ¿Cómo motivas/ilusionas/entusiasmas a un equipo con unas probabilidades muy remotas de ganar algún título? Mourinho parte de una promesa: cuando él, como entrenador, se fuera a un gran equipo, se llevaría a los jugadores que mejor lo hubieran hecho. Y así ocurrió con Nuno Valente, Tiago y Derlei: los tres aprovecharon su oportunidad. Entonces llegó el F.C. Porto, uno de los grandes equipos.

    “Si queréis ser hipócritas es un problema vuestro, yo prefiero ser el saco de boxeo de los cobardes. Nací y crecí así. Moriré igual. Con la cabeza alta, sin miedo a decir las verdades”
    José Mourinho, a los periodistas, el 2 de marzo de 2011.


    El mayor experto en fidelización del talento es John Gottman, profesor emérito en la Universidad de Washington en Seattle. Nos enseña siete principios para que una relación (de pareja, o en este caso entre un presidente y su entrenador) se prolongue en el tiempo:

    1. Ten claro tu mapa afectivo. Un “mapa afectivo” es el lugar del cerebro donde una persona almacena la información sobre otra. Es crucial conocer realmente al otro, sus esperanzas y sus sueños, sus verdaderos intereses, para mantener su ilusión a lo largo del tiempo.
    2. Nutre la admiración. Esto significa en la práctica mantener una percepción positiva de la otra persona, respetando y apreciando lo que la hace diferente.
    3. Ve hacia el otro en lugar de alejarte. Reconocer los pequeños momentos de la vida y orientarte hacia ellos hará posible la conexión emocional.
    4. Deja que la otra persona te influya. Es importante mantener tu identidad durante la relación, pero también ceder de vez en cuando. Si dos personas se influyen mutuamente, aprenderán a respetarse a un nivel superior.
    5. Resuelve todos los problemas que se puedan resolver. Es importante llegar a compromisos en todo aquello que necesita arreglarse y ser tolerante con las faltas del otro.
    6. Evita los estancamientos. Las diferencias más importantes sólo pueden sobrepasarse si hay un conocimiento muy profundo de la otra persona y un alto nivel de empatía.
    7. Crear un significado compartido. A partir de rituales, tradiciones, roles y símbolos.

    “Mi objetivo es unir, no dividir. Nosotros no entramos en debates sobre quién es mejor, quién está mejor, quién es titular… Somos un equipo y jugamos como equipo; ganamos y perdemos como equipo. Lo importante es que todos quieren jugar de titulares y en cada partido”
    José Mourinho

    Eficacia/Eficiencia


    Es importante diferenciar los conceptos de eficacia y eficiencia. La eficacia es la consecución de los objetivos marcados; la eficiencia es lograrlo optimizando los recursos con los que uno cuenta.
    En la mayoría de las empresas, la calidad del trabajo suele medirse por la cantidad de horas que se invierten en el mismo. Parece que cuantas más horas, mejor. Y sin embargo, la mera presencia en el lugar de trabajo tiene poca relación con la eficiencia y con la eficacia. Lo importante es marcarse retos ambiciosos y crecer personal y profesionalmente para alcanzarlos.

    “Quien dice que los jugadores más creativos deben estar liberados de tareas defensivas no entiende nada de fútbol. Los once jugadores deben saber qué hacer con la posesión del balón y qué hacer cuando el adversario tiene el esférico”

    “Algo que para mí es muy claro es que para asumir el control del juego hace falta tener el balón. Disfrutar de él. Mi idea táctica principal pasa por tener la pelota. Quiero una alta circulación de balón y, para que eso acontezca, los jugadores deben saber que en determinada posición tienen a un compañero”
    José Mourinho

    “El talento es la inteligencia activa y puesta a trabajar, animosa y emprendedora. Es la inteligencia resuelta, es decir, que resuelve problemas y avanza con resolución”
    José Antonio Marina

    Nunca la ajena voluntad, aun grata,
    cumplas por propia. Manda en lo que haces,
    ni de ti mismo siervo.
    Nadie te da quien eres. Tú, no cambies.
    Tu íntimo destino involuntario
    cumple alto. Sé hijo tuyo.

    Fernando Pessoa,
    Odas (1914-1934) de Ricardo Reis

    “Si no tienes enemigos es señal de que la fortuna te ha olvidado”
    Thomas Fuller (1608-1661), historiador británico

    “Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”
    Jorge Luis Borges (1899-1986), escritor argentino

    “Nunca sabes quiénes son tus amigos ni tus enemigos hasta que no se rompe el hielo”
    Proverbio esquimal

    Cómo lograr que tu tribu te adore


    Una tribu es un grupo de personas conectadas por ellas, conectadas a un líder y conectadas a una idea. Durante millones de años, los seres humanos han sido parte de una tribu u otra. Un grupo sólo necesita dos cosas para ser una tribu: un interés compartido y una forma de comunicar. Las tribus necesitan liderazgo. A veces una persona; a veces, más de una.

    Siete ingredientes básicos para liderar una tribu:

    1. Cuestionar el statu quo. Cuando Mourinho llega a un club necesitado de títulos, lo primero que hace es cuestionar el estado de las cosas. En ese sentido, es un revolucionario.
    2. Crear una cultura propia. Como líder, Mourinho crea una cultura, es decir, un modo de hacer las cosas, un conjunto de supuestos básicos que sirven para relacionarse internamente y para resolver problemas de cara al exterior.
    3. Fomentar la curiosidad. Mourinho es un ejemplo vivo de trabajo, de aprendizaje continuo, de preguntarse por qué ocurre lo que ocurre.
    4. Liderazgo y después carisma. No es el carisma lo que hace a Mourinho líder de una tribu, sino que es al revés: es el hecho de ser líder (de conseguir resultados, de mostrar su poder, de atreverse a provocar) el que genera ese carisma especial, que luego se mitifica.
    5. Comunicación. Los líderes de la tribu son capaces de comunicar su visión del futuro y lo hacen con eficacia.
    6. Compromiso. Líderes como Mourinho están plenamente comprometidos con su visión y sus objetivos, y toman sus decisiones basándose en ese compromiso, aunque sean difíciles.
    7. Facilitar las conexiones entre seguidores. Los líderes no desean convertirse en los únicos depositarios de toda la información. Por el contrario, como líderes ayudan a que sus seguidores, los miembros de la tribu, conecten entre sí.
    Qué no debe hacer un líder de la tribu como José Mourinho:

    • Ser incapaz de aprender de los errores. 
    • Olvidar que toda tribu tiene vida propia, y no es una mera extensión del líder. 
    • Pensar que el líder es el inicio y fin de todas las decisiones. Y, por tanto, no delegar nunca.
    • Tomar decisiones basadas en la agenda personal más que en la agenda de la tribu. Si los intereses atendidos son exclusivamente suyos, el riesgo es muy elevado.
    • Que el líder piense/sienta/crea que no puede aprender de los demás porque lo sabe todo. El líder es humano, es mortal.
    • Caer en los passion killers, rutinas monótonas e ineficientes que no aportan valor, como los trámites, la burocracia, las reuniones inútiles.
    • Ahogar nuestra creatividad,
    • Dejar que el legado anterior mate nuestro sueño.


    Pasar por la vida sin haberla disfrutado. Sin haber destacado en nada, sin dejar huella en el mundo, sin ser recordado por los demás. Un triste destino para la inmensa mayoría de las personas que han deambulado por este planeta.

    “Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis”
    Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592), 
    escritor  y filósofo francés

    ¿Quieres convertirte en talento estrella? Pues haz como Mourinho:


    • Rodéate de los mejores. Absorbe conocimientos y salta al primer plano.
    • Consigue éxitos espectaculares y explícalos bien.
    • Aprovecha la globalización (aprende idiomas).
    • Embárcate en proyectos apasionantes.
    • Toma la iniciativa.
    • Forma un equipo ganador.
    • Practica la mejora continua.
    • Consigue que te paguen bien.
    • Maneja eficazmente el marketing relacional (las redes sociales).
    • Cuenta con el mejor representante.
    • Relaciónate inteligentemente con el poder.
    • Genera una identidad que logre adeptos, y también enemigos, importantes.
    • Quien no arriesga no gana. Da el paso y confía en tus posibilidades.

    LAS LECCIONES DE MOURINHO EN OCHO CLAVES 


    José Mourinho…
    • Se motiva a sí mismo.
    • Se orienta a resultados.
    • Unifica criterios.
    • Da respuestas sorprendentes.
    • Inicia proyectos ilusionantes.
    • Nada entre tiburones.
    • Es honesto y no hipócrita en sus declaraciones.
    • Orquesta el juego colectivo.
    ¿Hasta qué punto lo haces TÚ también?

    Motivación interna


    Para automotivarte, PREGÚNTATE: ¿cuál es tu estímulo más poderoso? Y respóndete desde la acción. Este estímulo ha de ser la guía para que crezcas personal y profesionalmente, para que creas en ti mismo y para que seas verdaderamente feliz.

    Orientación a resultados


    El ser humano necesita proyectarse hacia el futuro deseado para conseguir lo que se propone. Lo que le moviliza es el reto, el desafío, el horizonte que elige conscientemente, de modo que “vuelve desde el futuro que desea”.

    Y sin embargo solemos evitar los retos, las metas, pues generan en nosotros aburrimiento (“más de lo mismo”) o, en muchas ocasiones, ansiedad (porque son otras personas las que tratan de marcar nuestros retos, y alcanzarlos nos parece imposible). Sólo cuando el reto, siendo ambicioso, lo consideramos a la vez realista, y cuando ese reto nos emociona hasta el punto de elevar nuestras capacidades, podemos vivir la vida que merecemos.

    “Si un hombre no ha descubierto algo por lo que valga la pena morir, no está hecho para vivir”
    Martin Luther King Jr., defensor de los derechos humanos

    En consecuencia, PREGÚNTATE: ¿qué metas te has marcado? Convierte esas metas generales, abstractas, en objetivos medibles, retadores, temporales y específicos. Anticipa obstáculos y fuentes de ayuda para lograrlos. Y define hitos mensuales, tan concretos como sea posible, para cumplir esos objetivos. El éxito debe definirse; no se improvisa.

    Unificar criterios


    Somos tan buenos, y tan malos, como los grupos humanos de los que formamos parte. En la gran mayoría de las ocasiones, los grupos humanos no generan sinergias (resultados mejores que los de cada individuo por separado) y por tanto no triunfan. Sólo en contadas ocasiones, muy especiales, surgen grupos humanos que generan un alto rendimiento y se convierten en verdaderos equipos.

    Los equipos, así entendidos no se improvisan. En su mochila deben llevar varios objetos valiosos: un diagnóstico de dónde están y qué les falta para ser verdaderamente grandes (cómo son las cosas y cómo deberían ser); una visión de futuro compartida (para remar todos en la misma dirección); un proceso realmente eficaz de análisis de oportunidades, toma de decisiones y ejecución de las mismas; diversidad en lo visible (género, etnia, capacidades), en lo tangible (edades, estudios, experiencias) y en lo intangible (modos de sentir, de pensar, de aprender); un alto grado de confianza entre ellos y de compromiso con el proyecto; un proceso de aprendizaje a lo largo del trabajo en equipo; dinamismo, mejora continua.

    “El compromiso individual en un esfuerzo colectivo: eso es lo que hace que un equipo funcione, que una empresa funcione, que una sociedad funcione, que una civilización funcione”
    Vince Lombardi (1913-1970), mítico entrenador de fútbol americano

    PREGÚNTATE: ¿con qué equipo interactúas? Y actúa en consecuencia. Contra el miedo (a la soledad, al riesgo, al fracaso), confía en el equipo. Un auténtico equipo con el que lograr y compartir la felicidad.

    Respuesta sorprendente


    Hemos aprendido que “la buena educación” consiste en decirle al otro lo que quiere escuchar, aunque sea mentira, aunque no le ayude para nada, aunque le impida progresar. Flaco favor: los resultados son más pobres, por más que “aliviemos nuestra conciencia”.
    La hipocresía, según el diccionario, es el “fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”. Se trata, básicamente, de una forma de mentira, y de las peores.
    Consiste en faltar a la ética en grado sumo. Y con nuestra hipocresía no sólo no aportamos nada a la otra persona, sino que podemos dirigirla incluso por el camino equivocado.

    “Más vale un minuto de vida franca y sincera que cien años de hipocresía”
    Ángel Ganivet (1865-1898), escritor español

    El mundo es de los honestos que dicen lo que piensan (con el debido respeto y sin herir a nadie), que aportan valor y que a través de sus respuestas (generalmente sorprendente) se convierten en talentos estrella.

    PREGÚNTATE: ¿qué es mejor, quedar bien (hipocresía) o ser honesto contigo y con los demás? Tómate tu tiempo para aportar valor con cada una de tus respuestas, con asertividad (ofrece tu punto de vista, sin herir a la otra persona), y da respuestas sorprendentes, por imaginativas, profundas y valiosas. Somos lo que comunicamos a los demás.

    Iniciativa Total


    Proactividad. Stephen Covey, uno de los grandes maestros del desarrollo personal, nos ha enseñado que hay dos círculos en nuestra vida: el “círculo de influencia”, compuesto por todo aquello en lo que sí podemos marcar la diferencia. Las personas reactivas se obsesionan con su círculo de preocupación, sienten que “no pueden”, se muestran impotentes y aportan poco. La vida se les va entre quejas y lamentos. Las personas proactivas, con iniciativa, se centran en todo aquello que pueden influir, ya sea pequeño o grande, y van por ello. La vida es aportación, mejora, aventura.

    “La proactividad significa que, como seres humanos, somos responsables de nuestras propias vidas. Nuestra conducta es una función de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones. Podemos subordinar los sentimientos a los valores. Tenemos la iniciativa y la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan”
    Stephen Covey

    PREGÚNTATE: ¿cómo marcas la pauta? Controla tu destino (pon la acción en tu intención) u otras personas lo marcarán por ti. Asume la iniciativa y siéntate en el asiento del piloto. Cuando las curvas son cerradas y la velocidad es vertiginosa, es el único sitio donde no te mareas.


    Nadar entre tiburones


    Bienvenido a la jungla. En las sociedades que vivimos, hay personas buenas y personas con el grado de perversión suficiente para hacer daño a los demás (ya sea consciente o inconscientemente). Personas egoístas, que buscan exclusivamente su propio interés; personas envidiosas (como dijo Ortega y Gasset, “la envidia es una forma de elogio”); personas dañinas, tóxicas, que hacen comentarios insanamente críticos de todo y todos.

    ¿Qué hacer al respecto? Utilizar la inteligencia emocional, la capacidad para gestionar nuestras propias emociones y las de los demás. Desarrollar nuestra autoconfianza (la seguridad en uno mismo no puede depender de comentarios hirientes), la serenidad (“Nadie puede herirte sin tu consentimiento”, dijo Eleanor Roosevelt), el espíritu de superación (que los malvados no te aparten de tu camino). Elige bien a tus amigos y evita a los maledicientes.

    “La vida es demasiado corta como para levantarse con lamentaciones. Así que ama a los que te tratan bien. Y olvídate de los que no. Ten claro que todo sucede por algo. Si tienes una oportunidad, aprovéchala. Y si eso cambia tu vida, acéptalo. Nadie dijo que la vida fuera fácil, pero te prometo que así merecerá más la pena” 
    Harvey Mackay, autor de Nadando entre tiburones sin que te coman

    PREGÚNTATE: ¿cómo te haces respetar? Sólo desde el criterio propio, viviendo la vida que quieres y no la que te quieren imponer. Acercándote a los seres valiosos y evitando los tóxicos.

    Humanidad con los tuyos


    Las personas no sólo somos “racionales”. También somos, y en gran medida, emocionales y viscerales. Y no olvidamos cómo los demás nos hacen sentir. Por ello, la humanidad en la relación con los demás es una de las claves de liderazgo personal. Trata a los demás con respeto, escúchalos con atención, dales un reconocimiento valioso de lo que hacen bien y de lo que podrían hacer mejor, sé un ejemplo permanente de conducta… Todo ello es de sentido común, pero no es práctica común.

    Respecto a quienes te rodean, PREGÚNTATE: ¿cómo los haces crecer? Tu legado está en el servicio a los demás, en tu entrega a ellos. Es más importante dejar una huella en los demás, a través de su aprendizaje, que tratar de ser popular por falsos medios.

    Orquestar la sinfonía


    Una sinfonía es un conjunto de piezas, de personas que se adaptan especialmente bien entre sí. El resultado es una obra de arte, algo que emociona a quien la escucha, a quien la observa, a quien la ve.
    Para generar una sinfonía hace falta una orquesta. La orquesta es “un espacio” (para los instrumentistas, los cantantes) que, cuando funciona al unísono, armónicamente, eleva la “inteligencia colectiva” y ofrece un resultado espectacular. Como un equipo ganador, que supera las dificultades y mejora sus propias expectativas. Y sin la persona que dirige la orquesta, tal ambición es imposible.

    “La persona que quiere liderar la orquesta debe ponerse de espaldas a la multitud”
    Max Lucado, experto en motivación